domingo, 24 de junio de 2012

JOAN ESCANDELL y ANDREU MARTÍN: "Un viejo amigo"


 Joan Escandell pertenece a ese grupo de grandes dibujantes, artesanos del destajo, que participaron simultáneamente durante años en diversas cabeceras y proyectos de la editorial Bruguera.
Su estilo realista, siempre solvente, atractivo y peculiar, capaz de reproducir cualquier escenario, nos dejó excelentes muestras que se hallan parcialmente escondidas o deturpadas por las malas reproducciones y los colorines bruguerianos, amén de estupendas historietas que han quedado prácticamente olvidadas.

Recordemos aquí, cuando menos, algunos de sus mejores trabajos para la colección Joyas Literarias Juveniles: Ben Hur, El último mohicano, Robinson Crusoe, Cinco semanas en globo, Buffalo Bill, El Corsario Negro y David Crockett; todas ellas de un más que aceptable nivel gráfico.
Autor asimismo de la serie de cuadernillos El Sargento Furia, recientemente reeditada por Glénat; de varios tomos de Historias Selección, como por ejemplo Un viaje a la Luna; de sus espléndidas colaboraciones en El Capitán Trueno y otras colecciones populares; y de numerosas historietas esparcidas por múltiples revistas, no siempre fáciles de localizar; Joan Escandell también trabajó para otros países, sobre todo para Inglaterra, donde dibujó magníficos cómics bélicos, y para Francia, donde se responsabilizó de cuantiosos episodios de la serie de aventuras Antarès.

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"Un viejo amigo", de Joan Escandell y Andreu Martín,
Super Pulgarcito, 23 (1972)









sábado, 9 de junio de 2012

In memoriam RAY BRADBURY (1920-2012)


Desde hace mucho tiempo, Ray Bradbury es uno de mis narradores preferidos.
Y quizá el que más admiro.
Existen muy pocos escritores que me hayan impresionado con tanta profundidad, que hayan conseguido sorprenderme y emocionarme de forma tan desbordante. ¿Cómo puede crear historias tan increíbles e igualmente tan cercanas? ¿Cómo llega a diseñar esos relatos entreverados de una magia tan especial y una hermosura tan misteriosamente envolvente, capaces de arrojarme a la nostalgia más perdurable y a las sensaciones más insospechadas?

¡Un hombre y un marciano que se encuentran en plena noche y conversan sobre la realidad o quizá sobre el punto de vista, cada uno con su propia mirada que hace invisible la del otro!
¡Un astronauta que cae hacia la Tierra y se convierte para el observador en una estrella fugaz!
¡Un grupo de expedicionarios que son tratados por locos al decir que vienen de otro planeta!
¡Una ciudad que siente! ¡Una casa que destruye! ¡Un mundo que inventa monstruos para defenderse!
¡Una comunidad que memoriza libros para salvaguardar la cultura, de tal manera que sus miembros se convierten propiamente en hombres libros!

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Ray Bradbury en 1950, cuando publicó Crónicas marcianas,
sorprendiendo a propios y extraños

Bradbury en 1966


 Las propuestas de Bradbury siempre me han parecido invenciones de puro genio, gemas literarias trenzadas por un aporte de originalidad sin fisuras, cuyo impacto intelectivo me ha resultado en muchísimas ocasiones absolutamente inolvidable, como un eco perpetuo.

A menudo, el desenlace de las historias de Bradbury se convierte en una sorpresa final totalmente inesperada, rozando el deux ex machina. Desde esa perspectiva, el mecanismo de su estructura depende en gran medida del punto álgido que ofrece la consecución de la fábula. Quizá por ello, la mayoría de las obras de Bradbury son relatos cortos, a veces de tan sólo unas pocas páginas, acercándose de esa forma a la conocida máxima de mi paisano Baltasar Gracián.

Bradbury es el poeta de la ciencia ficción, no cabe duda, pero es también un excelente autor de relatos de suspense y terror psicológico, e igualmente de cuentos realistas que pueden vincularse con la obra de Mark Twain. Por otra parte, es autor de numerosas obras de teatro, de ensayos, proclamas y poemas, de guiones para cine y televisión… 
Sin lugar a dudas, es el escritor de género más reconocido fuera de ese ámbito, hasta tal punto que, durante la década de los noventa, algunas instituciones norteamericanas quisieron presentarlo como candidato para el premio Nobel de literatura.

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Ray Bradbury en 1968, preparado para utilizar la máquina del tiempo de Wells.
Bradbury también nos dejó hermosas y terribles historias sobre los viajes en el tiempo

Aunque nunca escribió realmente una historia de aventuras, Bradbury amaba la literatura pulp en todos sus géneros, especialmente las creaciones de Edgard Rice Burroughs, que podemos situar en las antípodas del estilo y la temática bradburyanos. Por otro lado, admiraba profundamente a los escritores del siglo XIX, sobre todo a Poe, Verne y Stevenson, a los que tuvo muy en cuenta en algunos aspectos estructurales, pero de los que igualmente se distanció en la manera de narrar y en la simbología utilizada.

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Bradbury en los 80. Su fama y reconocimiento son ya de carácter internacional.
Jorge Luis Borges prologa algunos de sus libros



Bradbury fue también un gran apasionado de las tiras cómicas, empezando por el Tarzán de Foster y Hogarth y el Flash Gordon de Raymond, por los que sentía una especial devoción.

Afortunadamente, varios de los relatos de Bradbury han sido llevados al mundo de las viñetas, a través de versiones de gran calidad, con dibujantes extraordinarios como Torres, Wood, Severin, Corben, Gibbons, Segrelles, Mignola, Garcés, Williamson y muchos otros.
Como pequeño homenaje a este escritor sin igual, a este fabulador inimitable,
exponemos aquí unas pocas imágenes de algunas de esas versiones.

 

 











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Muchas gracias, Ray, 
por toda la belleza y la emoción que nos has dado en tus relatos